Locura y amor…

 

 
 
La primera vez que se jug� al escondite en la tierra no jugaron personas, jugaron los sentimientos…

Fue la iniciativa quien lo propuso y el entusiasmo bail� de j�bilo, secundado por la euforia. La alegr�a dio tantos saltos que termino por convencer incluso a la duda y a la apat�a y aunque no todos quisieron participar (la verdad prefiri� no esconderse, porque al final siempre la hallaban) la locura empez� a contar 1, 2, 3…

La primera en esconderse fu� la pereza, dej�ndose caer tras la primera piedra del camino. La generosidad casi no alcanz� a esconderse por que cada escondite que hallaba le parec�a maravilloso para alguno de sus amigos: un lago cristalino ideal para la belleza, una hendija en un �rbol perfecta para la timidez. Una r�faga de viento magn�fico para la libertad. As� que termin� por acurrucarse en un rayo de sol mientras el ego�smo permanec�a en un sitio mejor, pero s�lo para �l. La mentira por su parte se escondi� al fondo del mar, la pasi�n y el deseo en el centro de un volc�n…

Uno a uno los sentimientos fueron escondi�ndose y entonces la locura comenz� a buscar. Encontr� a la fe conversando con Dios y cerca de ella a la envidia, que se encontraba a la sombra del triunfo. En el lago se hall� a la belleza y a�n decidi�ndose por alg�n lugar descubri� a la duda. Poco a poco fue encontrando a todos: al talento entre la hierba, a la angustia en una cueva oscura, a la soberbia en la cima de una gran monta�a…

S�lo el amor continuaba oculto aunque la locura lo busc� detr�s de cada �rbol, en cada r�o y en todos los mares, pero cuando ya estaba a punto de darse por vencida, divis� un simple rosal y entre sus flores lo encontr�. Decidi� aparecerse por sorpresa, como siempre el amor sol�a hacer y cuando empez� a mover las ramas escuch� un quejido que ya no era de sorpresa, sino de dolor. Las espinas del rosal hab�an herido al amor en los ojos y le hab�an dejado ciego! La locura no sab�a que hacer para disculparse por el accidente y llor� e implor� y prometi� al amor que desde entonces siempre ser�a su fiel gu�a…

Dicen; desde entonces que, el amor es ciego y, la locura siempre lo acompa�a…

Autor: Desconocido

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